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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha documentado que desde el inicio de la crisis sanitaria, más de 270.000 embarazadas se han enfermado de COVID-19 en Latinoamérica y más de 2.600 han muerto a causa del virus.

En Nicaragua, medios de comunicación independientes han reportado que al menos 19 mujeres embarazadas han fallecido durante la pandemia del Covid19.

Entre las mujeres fallecidas en los últimos meses se encuentra una mujer de 23 años de edad, quien debido a las complicaciones ocasionadas por el COVID-19 los médicos tuvieron que practicarle una cesárea de emergencia para salvar la vida de sus dos gemelas, las que nacieron de forma prematura. Al momento que era sepultada, su madre estaba ingresada en cuidados intensivos, asistida por respiración artificial.

Otra de las fallecidas tenía 32 años de edad y era madre de un niño de 6 años. Ella murió después de permanecer intubada. El bebé no logró sobrevivir.

La OMS ha manifestado su preocupación sobre los graves riesgos a los que se enfrentan las embarazadas durante la emergencia sanitaria, alertando que tienen un mayor riesgo de presentar formas graves del COVID-19 y requerir cuidados intensivos.

Medios de información independientes han documentado que en la mayoría de los casos en donde han fallecido mujeres embarazadas, estas han sido jóvenes con embarazos mayores a los siete meses. También han reportado que fueron llevadas por sus familiares a los diferentes centros asistenciales días después de presentar los primeros síntomas. 

En esta edición de Cuerpos Sin-Vergüenzas hablaremos sobre los riegos que enfrentan mujeres embarazadas en relación al COVID19. Para convesar de este tema nos acompaña el Doctor Leonel Argüello, epidemiólogo y creador del blog Por tu salud Nicaragua.

En Nicaragua han transcurrido 13 años de la derogación del artículo 204, una norma jurídica que en el periodo comprendido entre septiembre de 1992 y mayo de 2008, criminalizaba las relaciones entre personas del mismo sexo bajo la tipificación de “delito de sodomía”.

Aunque no se conocen datos fidedignos sobre la aplicación de esta norma legal, la tipificación como delito sirvió para justificar la discriminación y la violencia de la que han sido víctimas homosexuales, lesbianas, travestis y personas trans1.

El nuevo Código Penal aprobado en el año 2008 penaliza la discriminación por motivos de orientación sexual, sin embargo, a pesar de la frecuencia con que se cometen actos discriminatorios, incluso por parte de funcionarios públicos, no conocemos de ninguna sanción legal2.

En medio de la crisis generalizada de derechos humanos que vive el país desde abril del 2018, agravada por la total impunidad, las minorías sexuales han estado expuestas a una mayor violencia.

La represión, el recrudecimiento de los fundamentalismos religiosos, el exilio forzado, el desempleo y la pobreza, colocan a lesbianas, homosexuales y personas trans en una situación de mayor vulnerabilidad.

En este contexto, el Programa Feminista La Corriente en colaboración con diversos colectivos que defienden derechos incluyendo los de los cuerpos disidentes, han conjuntado esfuerzos para el montaje del Observatorio de violaciones a derechos humanos de personas LGBTIQ en Nicaragua. Se trata de superar la cultura del silencio y la impunidad que prevalece en nuestra sociedad y fomentar el respeto a los derechos humanos.

En tal sentido, La Corriente con la colaboración de la Asociación Nicaragüense de Mujeres Transgéneras – ANIT (Managua), Colectivo de Mujeres 8 de Marzo (Esquipulas – Matagalpa), Grupo de Mujeres Sacuanjoche (Matagalpa), Grupo Lésbico Feminista ARTEMISA (Managua) y la Iniciativa desde la Diversidad Sexual por los Derechos Humanos (IDSDH), presentamos este informe semestral que comprende el período de Enero – Junio 2021.

Formulario de denuncia: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfBBy1_d00yPOg7XJsuFSqbMCsRXHGNB53D8aXuntRwJOul0Q/viewform

Muchos y de variada índole son los prejuicios y estereotipos que se han construido alrededor del lesbianismo. Desde considerarlo una enfermedad psíquica, hasta una encarnación del demonio, pasando por explicaciones que asocian el deseo entre mujeres como una expresión del odio a los hombres.

Ser lesbianas en sociedades donde el placer sexual es un privilegio masculino y la heterosexualidad se constituye en un mandato para hombres y mujeres, el deseo entre personas del mismo sexo constituye una de las más caras transgresiones. Las lesbianas incluso mucho antes de reconocerse como tal, sufren toda clase de agresiones tanto en los ámbitos privados como públicos.

En nuestros países y el mundo entero miles de lesbianas han sido víctimas de las así llamadas “terapias de reconversión”, han sido expulsadas de sus hogares, rechazadas en espacios religiosos, escolares y laborales; o se han visto condenadas al silencio y el encubrimiento de sus deseos y expectativas amorosas.        

Ayer 13 de octubre se conmemoró el Día de las Rebeldías Lésbicas. Esta fecha fue escogida durante el VII Encuentro Lésbico Feminista de América y El Caribe, realizado en Chile en el año 2007, con el propósito deliberado de hacer visible la realidad lésbica y contrarrestar los estigmas que reproducen la discriminación y la violencia hacia las lesbianas.   

Para conmemorar el día de las rebeldías lesbianas, en esta edición de Cuerpos Sin-Vergüenzas hablamos con Jandra Leytón, nicaragüense, y Ale Alcántara, mexicana.   

El abuso sexual cometido en contra de niñas y niños, en una de las manifestaciones de la violencia machista más extendida en el mundo, precisamente porque las víctimas se encuentran en una situación de extrema vulnerabilidad frente a agresores -en su mayoría hombres- que se encargan de controlar, manipular y silenciar a las víctimas. 

En Nicaragua al igual que en muchos países de la región, miles de niñas y niños han sido abusados y han cargado en silencio las múltiples secuelas del abuso, en una sociedad que reproduce discursos que anteponen la pretendida unidad familiar, por encima del sufrimiento de las víctimas de la violencia y particularmente del abuso sexual.  

Según las últimas estadísticas publicadas en el Anuario del Instituto de Medicina Legal de Nicaragua, el pasado año 2020, se realizaron 4,712 peritajes por denuncias de delitos sexuales, de las cuales 3,392 han sido niñas y adolescentes mujeres entre 0 y 17 años, y en el caso de niños y adolescentes hombres de este mismo rango de edad, la cifra es de 484.

357 de las víctimas presentaban riesgo de embarazo y 56 resultaron con infección de transmisión sexual. De acuerdo con las estadísticas oficiales los agresores sexuales son hombres cercanos a la familia: conocidos 34.3 %, otro familiar 17.5%, novio 13.5%, padrastro 9.3%, desconocido 8.7%, padre 5.2%, y en menores porcentajes, pareja, ex pareja y ex novio. Los lugares donde cometen estos abusos son la casa de habitación, domicilio del agresor y en lugares públicos.

Aunque los datos del año pasado representan un sub registro nos permiten dimensionar la gravedad del abuso sexual, que ha sido considerado como una pandemia por las organizaciones feministas que trabajan en la prevención de la violencia.

Aguas Bravas es una de las organizaciones que durante los últimos 14 años ha venido trabajando en la prevención del abuso sexual y la atención a las víctimas. Para ello cuentan con un centro que da atención terapéutica a las víctimas de abuso sexual.    

En esta edición de Cuerpos Sin-Vergüenzas no acompañan Gabidia López y María José Centeno, terapeutas de Aguas Bravas, para hablar sobre las causas y consecuencias del abuso sexual en la vida de las mujeres y niñas nicaragüenses.

 

01/10/2021

Nicaragua, El Salvador y Honduras se encuentran entre los 6 países de Latinoamérica que penalizan de manera absoluta el aborto. En los demás países de América Latina y el Caribe, el aborto está permitido en circunstancias específicas entre las que se incluyen embarazos de alto riesgo para las mujeres, graves malformaciones del feto y violación.

De acuerdo a datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), el ocho por ciento del total de muertes de mujeres en el mundo, son producto de abortos inseguros. En aquellos países en donde la prohibición es total, el aborto figura entre las principales causas de muerte materna como se le llama en lenguaje oficial. 

La mayoría de países centroamericanos presentan un panorama deplorable en materia de derechos sexuales y reproductivos. Abuso sexual, altas tasas de embarazos en niñas y adolescentes, ausencia de educación sexual integral, altas tasas de mortalidad de mujeres asociadas al embarazo, parto y puerperio, oferta limitada de métodos anticonceptivos, entre los más graves problemas. 

La insuficiente inversión pública en salud y la ausencia de políticas con un enfoque educativo y de prevención, limita el acceso de las mujeres, adolescentes y jóvenes a los servicios públicos de salud sexual y reproductiva.  El inicio de las relaciones sexuales entre adolescentes y jóvenes se da en un contexto de desinformación y prejuicios como factores que explican en buena medida la ocurrencia de embarazos no deseados.   

Las feministas latinoamericanas a partir del año 1990 establecimos el 28 de septiembre como el día por la Despenalización del Aborto. Miles de mujeres se manifestaron en todos los países de la región para reclamar a los Estados la despenalización y legalización del aborto como un derecho para todas las mujeres. 

Para hablar sobre este tema nos acompañaron Idalia Flores integrante de Ecuménicas por el Derecho a Decidir de Honduras, Sara García de la Agrupación Ciudadana por la Despenalización del Aborto en El Salvador y Mayte Ochoa, del Movimiento Feminista de Nicaragua.

La maternidad es probablemente uno de las dimensiones más complejas de la vida de las mujeres.  Desde niñas todas las mujeres son preparadas para ser madres desde una visión que presenta “la maternidad” como centro, fin último y razón de ser de las mujeres.

El cuestionamiento a este modelo opresivo e idealizado sobre la maternidad ha estado en el centro de los debates feministas, dando voz a las mujeres y mostrándonos no solo la complejidad que rodea a la práctica de la maternidad, sino la diversidad de experiencias en su ejercicio.

El deseo de la maternidad, las condiciones en que se ejerce y el papel que juegan los hombres, las familias, el mercado y el Estado forman parte de las complejas problematizaciones que las feministas han elaborado a lo largo de muchas décadas. Ahora contamos con otros conocimientos que nos permiten no solo cuestionar los discursos opresivos sobre la maternidad, sino defender el derecho a ejercer una maternidad deseada y en condiciones favorables para las madres, para los hijos y las hijas.   

Para hablar sobre las maternidades, el maternaje y la responsabilidad del cuidado de la vida nos acompañaron María Teresa Blandón y Adela Espinoza, ambas activistas feministas.