Se han cumplido ya dos meses desde que comenzó la crisis nacional en Nicaragua. Desde entonces la población ha sido testiga y víctima de una represión sistemática ejecutada por antimotines, paramilitares y delincuentes comunes bajo las órdenes directas de alcaldes y secretarios políticos del FSLN que actúan en nombre de Daniel Ortega.

La población de los barrios y comunidades directamente afectados por esta ola de violencia orquestada desde los niveles más altos del gobierno, han organizado su propio sistema de auto-protección y defensa.

En Cuerpos Sin-vergüenzas continuamos llevando la voz de las y los protagonistas de esta insurrección cívica que reclama justicia y democracia. Recopilamos relatos de Masaya, Matagalpa, León y Managua.

Relatos de organización barrial

Desde Masaya la represión ha sido intensa y constante, nos cuenta la compañera que entrevistamos. “De los 63 días de represión, solo 3 días no hubo ataques, pero no se descansó porque como siempre están atacando, de noche, de día, de tarde, de madrugada, la gente no puede darse el lujo de descansar, tiene que estar alerta (…) mientras están realizando esta entrevista al pueblo lo siguen masacrando”, nos dijo.

“Ninguno de los masayas puede irse a dormir tranquilo, antes de las 3 de la mañana. Ya no podés andar en la calle a partir de las 6 de la tarde, salís a hacer compras necesarias, no se puede andar tranquilamente porque hay francotiradores (…) disparan a matar, no nos dejan ni levantar los cuerpos. Tenemos el alma en un hilo en todo momento”, nos dice, afirmando que la vida cotidiana de los barrios se transformó por completo.

León fue la primera ciudad en protestar el 18 de abril, nos compartió la compañera que conversó con nosotras. Ese día sale a las calles un grupo de personas adultas y estudiantes quienes sufrieron agresiones por parte de personas fines al FSLN. “La represión ha sido fuerte”, comenta. Entre los aprendizajes de la organización de los barrios señala la unión del pueblo, pues barrios y repartos trabajan en conjunto por la seguridad de habitantes.

“En los barrios podemos ver de todo (…) una desesperación que asfixia, la cotidianidad cambia radicalmente”, expresa la compañera leonesa. Rescata que “el nicaragüense resuelve con lo que tenga y lo que pueda”, que este estallido social está acercándolos como hermanas y hermanas luchando por una misma causa.

En Matagalpa “se ha despertado un enorme vínculo de solidaridad entre adultos y jóvenes y viceversa (…) hay barrios y sectores que se han unido más”, nos dice la compañera que entrevistamos.

El enojo y la valentía del pueblo de Matagalpa le erizan la piel a nuestra informante pues ha sido testigo de “un pueblo que no deja morir a su pueblo. Hay una lucha conjunta, un pensamiento conjunto que la gente está y estaba harta y cansada de muchas cosas, solo faltaba la chispa que encendiera la llama”.

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