El gobierno Ortega – Murillo afirma que Nicaragua ha vuelto a la “normalidad”, luego que las denominadas “Caravanas por la Paz”, la Policía Nacional y grupos paramilitares, cumplieran cabalmente la orden de “operación limpieza”, desmontando con lujo de violencia, barricadas y tranques en diferentes territorios del país, asimismo, desalojando salvajemente a estudiantes atrincherados/as en universidades públicas.

En la denominada “escalada regresiva de la represión” que vivimos en las últimas semanas, a diario nos enteramos de noticias sobre amenazas, asedio, secuestros, torturas, detenciones y juicios arbitrarios contra ciudadanas y ciudadanos que en los últimos cuatro meses, se han manifestado contra el gobierno exigiendo su renuncia, justicia para las víctimas y democratización del país.

La violencia que vivimos desde el 18 de abril, impacta y altera la vida cotidiana de toda la población nicaragüense, por ello, en esta edición de Cuerpos Sin-Vergüenzas conversamos con Adriana, psicóloga y feminista, sobre las consecuencias del terrorismo de Estado en la vida diaria.

“Resistencia como un mecanismo de sobrevivencia”

 “Esto nos ha estremecido (…) estamos todavía en estado de shock, asimilando”, dice Adriana al compartir su mirada sobre la crisis sociopolítica que atraviesa Nicaragua.  Comenta que esta crisis ya la venían advirtiendo grupos y movimientos sociales del país.

La psicóloga explicó que el nivel de violencia y represión que vivimos en Nicaragua “pone en shock tu cuerpo” al ver gente morir, sangre derramada, toparnos cada día gente armada en las calles. Para ella la contradicción en la retórica cristiana, socialista y solidaria de Ortega – Murillo, siempre fue evidente, pero ahora lo vemos más claro.

Adriana plantea que a nivel psicológico y psicosocial, el terrorismo de Estado provoca un estado de pánico que no es un miedo común, es un miedo latente, un estrés agudo que es la antesala del estrés postraumático.

Al hablar de mecanismos de defensa para hacer frente a esta crisis sociopolítica, Adriana reconoce la “resistencia como un mecanismo de sobrevivencia a la violencia dirigida”. Recomienda prepararnos corporalmente, concentrarnos en el manejo del estrés agudo ante este presente y la realidad abrumadora que sobrellevamos.

Insta a familiares de personas asesinadas, secuestradas, encarceladas arbitrariamente, a no caer en la trampa de la criminalización de la protesta, y enunció que en Nicaragua nunca ha existido un proceso de justicia transicional, es decir, medidas judiciales y políticas utilizadas como reparación por las violaciones masivas de derechos humanos.
Adriana destaca que el humor en medio de la crisis, ha sido un buen mecanismo para salir adelante, al ridiculizarse en redes sociales a través de memes, a los responsables de la represión en Nicaragua, develándose una enorme capacidad intelectual y creativa.

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