26/02/2020

“El 19 de julio de 1979 el pueblo nicaragüense derrocó al somocismo en una insurrección popular armada que provocó la admiración del mundo. El 25 de febrero de 1990, el mismo pueblo, con sus votos secretos y libres, entregó el gobierno a la UNO y se lo retiró al FSLN. La población nicaragüense tomó en serio la democracia representativa y vio cruciales las elecciones para decidir el futuro del país”, cita el editorial de la Revista Envío en abril de 1990.

El 25 de febrero de 1990 se llevaron a cabo las elecciones para escoger al presidente de la república y diputados de la Asamblea Nacional de Nicaragua. Más de 4 mil observadores -de la ONU, la OEA y el Centro Carter- certificaron la transparencia del proceso electoral.

La Unión Nacional Opositora, coalición integrada por 13 partidos de oposición, obtuvo el 54% de los votos, logrando la mayoría absoluta en la Asamblea Nacional y llevando a la presidencia a Violeta Barrios de Chamorro, la primera mujer electa en América Latina.

La transición democrática como se ha nombrado a este periodo de gobierno post revolución, si bien le permitió a la sociedad nicaragüense salir de la guerra y avanzar hacia la pacificación del país, significó un alto costo para amplios sectores de la sociedad en el marco de la profundización de las políticas neoliberales que ya venía aplicando el gobierno sandinista a finales de la década de los 80.

A 31 años de aquel cambio sin precedentes en la historia del país, en esta edición de Cuerpos Sin-Vergüenzas hablaremos con Sylvia Torres, periodista y antropóloga y Violeta Granera, socióloga y líder opositora al régimen Ortega-Murillo.

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